La mermelada de Madeleine y Hans Peter

Madeleine y Hans Peter son una pareja absolutamente entrañable y maravillosa: francesa ella, suizo él, amigos de nuestra familia desde hace un montón de años, cuando vivían en España y se convirtieron en una de esas referencias imprescindibles por su intelectualidad, dominio de los idiomas y sobre todo por la valía de unas mentes abiertas al mundo, con capacidad para absorber lo mejor de cada país en el que han residido.

Madeleine y Hans Peter viven en Cordes sur Ciel, en la región francesa de Midi Pyrenees,  en un  château bellísimo rodeado de un jardín mágico donde crecen los cedros y los nenúfares llenan de flores rosas y azules los estanques. Parte de su casa se abre al turismo rural durante todo el año, lo que permite que otras personas puedan disfrutar de ese entorno, del atractivo histórico y monumental de Cordes y…de la mermelada que hace Madeleine y que aprendió de la madre de Hans Peter.

El verano pasado nosotros tuvimos ocasión de disfrutar del Château de Fourès y, por supuesto, de las especialidades de Madeleine: su magret, la quiche de cebolla y…muchas otras cosas, porque una buena copita de kirch suizo por la noche, viendo las fotografías de Hans Peter o escuchándole tocar el piano, resulta impagable también. Pero, en fin, vayamos con la mermelada…

Aunque yo pensaba que las naranjas de final de temporada eran las menos idóneas, Madeleine dice que las de esta época son más dulces. De hecho, ha elaborado su confitura hace una semana, así que aquí tenemos la receta:

Ingredientes: un kilo de naranjas, preferentemente de final de temporada, la cáscara de un limón y otra de una naranja, 800 gr de azúcar y el zumo un limón.

Elaboración: Lavar las naranjas y a continuación pelar las frutas y quitar toda la parte blanca. Las naranjas se cortan en pedacitos sobre un bol. La cáscara del limón y de la naranja en tiras. Sobre las naranjas cortadas, añadimos el zumo del limón y ponemos 800 gr de azúcar (siempre esa cantidad por kilo de la mezcla). Todo esto se deja  reposar una noche para que vaya saliendo el zumo. Al día siguiente removemos bien y ponemos al fuego por lo menos 50 minutos, al máximo, removiendo continuamente para que no se queme la mermelada. Espumar si es necesario (vamos retirando con una espumadera)

Habremos dispuesto unos tarros de vidrio bien lavados con agua caliente. Ya secos, se llenan manteniendo una cuchara de plata dentro para que no se rompa el vidrio al echar la mermelada caliente. Llenamos los tarros con cuidado para no quemarnos. Cerramos los tarros y los colocamos boca abajo para que quede bien desinfectada la tapadera. Cuando estén fríos ya se pueden dar la vuelta, etiquetar y consumir.

Voy a ponerme a la tarea ahora mismo. Seguramente no consiga una mermelada tan perfecta como la de Madeleine pero…sobre todo, no los tenemos a ellos aquí para conversar y alargar esas sobremesas deliciosas e inolvidables.

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