Del color del ámbar

Ayer salí escalofriada de casa, amaneciendo aún, buscando el calorcito de la calefacción del coche y de las voces de la radio. Al pararme en un semáforo, pasó delante de mis ojos una bandada de pájaros que me recordó de qué modo, impenitente y tozudo, marca la naturaleza la transición entre las estaciones.

Sí, nos estamos acercando al invierno y, aunque todo resulta mucho más sombrío, las casas se llenan de actividad. A mí me encanta porque me inspira escenas alrededor de una chimenea o en la cocina, haciendo galletas, horneando magdalenas, decorando una tarta…

Por primera vez he hecho dulce de membrillo. Pero lo más emocionante de todo es que estos frutos han crecido en el jardín de mi casa. Después de tres años desde la plantación del árbol, ¡por fin ha habido membrillos!

Como era la primera vez, no me he querido arriesgar y he usado la Thermomix, pero no quiero dejar pasar la ocasión sin hablar de un robot de cocina nuevo que, en mi opinión, es el único que puede competir con la máquina alemana en condiciones de igualdad. Se trata de la Gourmax que, para quien no lo sepa, pertenece al Grupo del Club Internacional del Libro, formado por más de 30 empresas que abarcan diversidad de negocios, y con presencia internacional en más de 20 países.  Por supuesto, en el recetario de Gourmax se encuentra también el dulce de membrillo.

Pero como no todo el mundo tiene la Gourmax o la Thermomix, la receta que hoy traigo al blog es la tradicional, tal y como me la ha facilitado toda una experta: mi amiga Montse.

Ingredientes: membrillos, agua y azúcar

Elaboración: aunque mucha gente dice que no hace falta pelar los membrillos, sino solo eliminar las pepitas, ella siempre prefiere pelarlos. Son muy duros, de manera que si los escaldamos antes, seguramente tardemos mucho menos. Una vez pelados, los cortamos en pedacitos y los ponemos a cocer en una olla con medio vaso de agua. Cuando ya estén como para hacer un puré, los pasamos por el pasapuré y los pesamos. Por cada kg de membrillo, hay que poner 700 gr de azúcar. Ese preparado lo volvemos a cocer, a fuego lento y sin dejar de remover, hasta que caramelice por completo y veamos que está suficientemente espeso y al levantar la cuchara, le cueste a la crema desprenderse de ella.  Vertemos sobre un molde y ponemos a enfriar en la nevera cuando ya no esté caliente.

A mí me quedó así y estaba realmente exquisito:

Querida Montse: te dedico este post aunque, sin duda, tu dulce de membrillo será infinitamente mejor que el mío, porque a pesar de tu annus horribilis, no has perdido esa sonrisa que siempre te ha acompañado y que tan buenas vibraciones transmite…

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Un comentario en “Del color del ámbar

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