Tentación vienesa

Cuentan que la célebre Sacher austriaca, la tarta de chocolate más famosa del mundo, es un secreto celosamente guardado por el hotel del mismo nombre, situado justo detrás de la Ópera de Viena, en el corazón de la ciudad. Todos los que afirman tener la receta original me temo que no están en lo cierto, porque en realidad se encuentra en la oscuridad de una caja fuerte del hotel Sacher, aunque debo decir que en la Guía de Viena sí nos ofrecen una que se acerca mucho a la original, además de contarnos su historia.

Como de lo que se trata es de facilitar las cosas al máximo, yo hoy voy a proponer una tarta de chocolate un poco más sencilla, pero que hará las delicias de todo el que se ponga delante, porque…¿cuáles son las virtudes de la Sacher?: un bizcocho muy esponjoso, una cobertura perfecta y la mermelada de albaricoque que ofrece ese contrapunto frutal al envolvente chocolate del interior y del exterior. Pues bien, todo eso lo vamos a conseguir, de modo que...vamos a ello:

Ingredientes: 200 gr de harina, 150 gr de mantequilla, 200 gr de azúcar glacé, un sobrecito de levadura en polvo, 175g de chocolate negro para el bizcocho y otro tanto para la cobertura, 4 huevos y una pizca de sal.

Elaboración: se unta un molde con mantequilla y se reserva. Se bate el azúcar con la mantequilla hasta obtener una mezcla esponjosa. Se añaden las yemas de huevo y se sigue batiendo. Se funde el chocolate, se deja templar y se incorpora a la mezcla anterior. Se mezclan la harina, la levadura y la pizca de sal. Se pasan por el tamiz y se añade a lo anterior, mezclándolo bien.

Se baten las claras a punto de nieve y se incorporan a la mezcla anterior con movimientos envolventes. Se vierte en el molde y se mete en el horno previamente calentado a 150º. Se hornea durante 40 minutos. Cuando comprobemos que está hecho por dentro (con una brocheta de madera, por ejemplo) aunque quede algo tierno, lo sacamos y dejamos enfriar. Después dividiremos el bizcocho en dos mitades y lo rellenaremos con mermelada de albaricoque. Este bizcocho no es nada seco, todo lo contrario, pero aún así a mí me gusta empaparlo con un poco de almíbar; se puede hacer con agua, azúcar y algún licor y realmente es suficiente con muy poquito.

Volvemos a unir ambas mitades y hacemos la cobertura de chocolate. Basta con trocearlo y ponerlo al baño maría con una cucharada de mantequilla para proporcionarle brillo y otra u otras dos de nata (de montar, que es más espesita) para suavizarlo. Una vez deshecho y cremoso, lo derramamos sobre la tarta, procurando cubrir los bordes con la ayuda de una espátula.

Pero ¿quién se resiste a esto?

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