El espíritu de la colmena

He ‘robado’ el título de la inquietante, poética y magnífica película de Víctor Erice para mi nueva entrada, porque creo que define muy bien lo que hoy quiero expresar. Ahora están muy de moda el fondant y ciertas técnicas en la repostería que son muy vistosas pero, desde mi punto de vista, poco sanas. Veo blogs repletos de tartas y galletas llenas de color y muchas veces pienso que hay una cierta fiebre por crear el dulce más espectacular desde el punto de vista estético, aunque el objetivo último no sea proporcionar deleite al paladar, sino una foto preciosa que enseñar a nuestros amigos o colgar en un blog.

Yo no entiendo así la repostería. Valoro mucho esas técnicas, por supuesto, pero no siento una atracción especial por aprenderlas, porque la elaboración de dulces en mi cocina es una suerte de alquimia que me permite crear y experimentar mezclas de aromas, colores y sabores con un poquito más de intuición, y menos de química. Y sí, hago fotos para mi blog, pero mi mayor recompensa es la fiesta que se hace en una casa cuando se saborea ese dulce y veo que no ha quedado nada y al día siguiente me piden más.

He elegido una fotografía del tarro de miel que regalamos como detalle de bienvenida a los clientes de nuestra Casa de Turismo Rural El Mirador de las Candelas. Las flores de brezo hacen posible este oro fluido de un color bronce que ya denota una densidad y contundencia muy especiales. Es la medicina de la sierra, una auténtica fuente de salud, el bálsamo de fierabrás que todo lo cura, un lujo de materia prima para elaborar, enriquecer, o decorar cualquier postre. Por eso, he decidido compartir hoy la mejor y más natural receta de magdalenas que me han dado hasta ahora, y que debe su esponjosidad, color y sabor a otro oro líquido que nos regala el planeta: el aceite de oliva. La receta me la dio mi amiga Montse, la misma Montse que me enseñó a hacer otro dorado regalo: el dulce de membrillo. Así que vamos con ella:

Ingredientes: 3 huevos, 375 gr de azúcar, 375 gr de harina (tamizada, preferentemente de repostería), ¼ litro de aceite, ¼ litro de leche, zumo de medio limón, tres golpecitos de canela en polvo, y 1 sobrecito de levadura en polvo (o un poco menos)

Elaboración: se mezcla todo, batiéndolo bien, se llenan las cápsulas hasta un poco más de la mitad  y se hornea, a 200 grados, durante 15 a 20 minutos. Vamos, más fácil no puede ser y el resultado…en fin, para qué hablar, aquí lo tenéis:

Artesanas, imperfectas, pura alquimia impregnada de naturaleza, verdaderas…

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