El duende del sur

Me parece mentira, con el frío que hace estos días en Valladolid, poder escribir una entrada en el blog inspirada por una foto como esta, pero lo cierto es que tenía que saldar una deuda y con sumo gusto lo hago…

Siempre he dicho que los andaluces nacen tocados por la varita mágica del ingenio y la calidez, y por eso los aromas de azahares y jazmines acompañan sus paseos y los colores se funden en una paleta mágica que ilumina calles, rincones y patios.

Por diferentes motivos, he viajado al sur en varias ocasiones a lo largo de este año que toca a su fin, y en todas ellas me he cargado de vitaminas y he llenado de notas mis cuadernos. Una de las más sugerentes fue una visita a Jerez las pasadas Navidades. El contraste del frío castellano con el templado clima gaditano se convirtió ya en un recibimiento de lujo, pero además pudimos comprobar que la vida se hace realmente en la calle, donde la tradicional zambomba convierte la ciudad en un auténtico Belén viviente.

Lo gastronómico está siempre presente y Jerez es el escenario perfecto para saborear un buen jamón, manzanilla y…cómo no, pestiños. En ese viaje los compré en una famosa confitería, pero tuvo que ser meses más tarde cuando la encantadora Manoli Zorrilla, matriarca de la familia Creagh, sevillana hasta los tuétanos, se recreara conmigo desvelándome una de las mejores recetas de pestiños de Andalucía, que ahora he hecho por primera vez y que le dedico a ella y a los suyos, tan especiales…gente de la buena…

Empezaré con dos de los consejos que ella me dio: utilizar una taza de café como medida y freír en el aceite que vayamos a utilizar para elaborar la masa, una cáscara de naranja, anís en grano y ajonjolí (sésamo). Ese aceite se reserva y, una vez se haya templado, tomamos de él una medida (una taza, dos…según la cantidad de pestiños que queramos hacer) y la misma cantidad de vino dulce.

Se tuesta un poquito de canela y de clavo (para ello se pone un puñadito de cada especia dentro de papel de aluminio y se lleva al calor unos minutos), se trituran y se incorporan a los líquidos. Añadimos a continuación una pizca de sal y la harina (mitad normal-mitad de repostería) hasta conseguir una masa consistente. Se le puede añadir un huevo para enriquecerla y después se deja reposar alrededor de una hora. Tras ese reposo, se van haciendo bolitas con la masa, que después se moldean en forma de lenguas, con las que hacemos una especie de lacitos que se van echando a la sartén, ya con aceite caliente, donde se van friendo. Una vez fritos los pestiños, se bañan en miel algo rebajada (en una proporción de cuatro a uno) y se van colocando en una bandeja hasta que estén secos:SONY DSC

SONY DSCLa decoración de los pestiños es muy personal: fideos de colores, chocolate, azúcar glass…o simplemente la miel, dorada y luminosa como la que elaboran los artesanos de La Carballeda zamorana, tan cercana a nuestra casa “El Mirador de las Candelas“. Hasta en eso ha habido feeling con Manoli y su familia, porque uno de sus hijos es el propietario de un maravilloso alojamiento de turismo rural cercano a Sevilla y llamado “Altabrida”  , que se alza, con la apariencia de una abadía, en la Sierra Norte sevillana. Hermoso lugar para soñar, para comer pestiños, para que suene una guitarra, para invocar al duende del sur y para que decida quedarse…

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Un comentario en “El duende del sur

  1. Hola hermosa: Mira que bien que asi me entero de la receta de los pestiños. Te han quedado con una pinta estupenda…la foto de portada es preciosa, preciosa y tu forma de escribir gusta y mucho. Cuidate. Besazos

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