Cántame una habanera

La bella LolaSola en la playa, mirando al mar y esperando a un amor que nunca regresó, La bella Lola me recuerda mi viaje pendiente a Cuba, el lugar al que tiempo atrás viajaron varias generaciones de mi familia en busca de nuevas oportunidades. Muchos años, casi un siglo después, un trabajo de Historia del Periodismo me devolvió a La Habana, donde mi bisabuelo Pedro pasó parte de su vida, entregando su tiempo y sus quehaceres al Diario La Marina, que yo recuperé para mi investigación.

Gracias a ella, descubrí que mi bisabuelo se trasladó a Cuba en los años veinte y allí trabajó como agente de la Casa del Monte distribuyendo conservas de frutas en todo el occidente del país: desde Pinar del Río a Matanzas, Santa Clara y Cienfuegos. Pertenecía a la Cámara de Comerciantes de La Habana, que editaba también una revista donde él escribía de forma habitual. Los ejemplares de las publicaciones donde colaboró los conservaba en el despacho de su casa de León, pero muchos de esos objetos personales se los legó a su hijo Alfonso, recientemente fallecido y único de los descendientes de mi bisabuelo que permaneció en Cuba, lo que no ha permitido disponer de ellos.

De la familia del bisabuelo Pedro, sabemos que el primer Sirgado que viajó a la Habana lo hizo en el primer tercio del siglo XVIII. Originario de Aragón, se llamaba Nicolás Sánchez Sirgado, Contador del Tribunal de Cuentas de la Habana. Le siguieron otros hijos y nietos, fiscales, interventores y ministros del Tribunal; los expedientes están recogidos en el Archivo Histórico Nacional, en Madrid. Y pienso que en algún momento, tendré que volver allí en busca de un hilo del que tirar para reconstruir la historia de mi familia, tan viajera y novelesca, envuelta en aromas de mar y de distancia.

Hasta que pueda cumplir esa deuda, tengo la suerte de poder recordar los pocos momentos vividos junto al bisabuelo Pedro, al que llegamos a conocer al final de su vida, y el comienzo de la nuestra…

Abuelo PedroHe pensado mucho qué dulce podría ilustrar esta entrada, tras un noviembre cálido y poco convencional en el que, pese a todo, ha habido cupcakes de Halloween para los niños Garrido, esta vez con gatos fantasmagóricos hechos con fondant sobre un bizcochito de vainilla, nuestro favorito. Aquí los tenemos:

Cupcakes gatitos 1

También en su caja para transportar:

Cupcakes gatitos 2Y después de mucho pensar, he elegido unas panetelas borrachas, un dulce típico cubano que me devuelve al mar, a un horizonte amplio y azul, como el que en su día pudo contemplar el bisabuelo Pedro, mientras su barco atravesaba el frío Atlántico, rumbo a La Habana:

panetelas 8

Dulces, esponjosas, empapadas de ron…

Panetelas 5

Sí, tengo una deuda. Y la cumpliré. Hasta entonces, pienso en barcos cargados de sueños, en promesas pendientes, en miradas perdidas en el mar, esperando.

Bella Lola y yoGracias, Pedro y Rosa, por vuestra hospitalidad en Torrevieja, donde pude hacer estas fotos de La Bella Lola mirando al infinito, sentada en la playa. Ese viaje realizado hace algo más de un mes me regaló ritmos de habaneras y despertó recuerdos aún muy vivos en mi memoria. Sal y espuma blancas, como la nieve que pronto llegará, como el azúcar sabroso de las panetelas.

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